Para No Volver

La noche murmura, pero su arrullo ya no calma la inquietud de los árboles.
La señora muerte y su lenta locomoción, desdeñosa y horrorizada entre los seres ampulosos que habitan las calles;
Y su túnica de azabache ya no infunde temor alguno; arrebatado le ha sido su don peregrino, convertido en un perverso deseo.

El lobo acaba con la vida del lobo, y el cordero; ah! con su amor!, es con su amor que asesinó al cordero.
Olvidados por el mundo están ahora los milagros del cielo, en cuya frente yacen los hirientes cristales; una delicada navaja de vidrio por cada dolorosa partícula de humanidad en la tierra,
Y el manto sangra y sangra.

Un corazón traslúcido que subyace en la masas es ahora como aquella oscura ave mensajera, la que sintetizaba su esencia en un nunca más!
Pues ahora el lobo es lo mismo que el cordero.

Guido Torre
Poesía de Honduras

Yeux verts

Emergen del techo las letras sangrantes,
Y aún así, construyen a destiempo un poema tardío.

Aquel día llegó sola y casi desvanecida,
Y aun así, me ha arrastrado fuera del bostezo y del letargo.
He visto en ella todo lo que he imaginado ,
Y el derecho a salvar la vida y la conciencia;
Solo para que luego se marchase con su pérfida paciencia

Mujer; belleza de luz y de oscuridad,
Ha sido lluvia que cayó del cielo?,
O perlas prohibidas que he visto como astros del espacio en sus ojos ?
Que más da, no importo en aquel momento, no importará ya.

Voy ahora paseando entre rapiña y ausencia,
Forzando con estupidez la lógica en señales sin sentido;
Para así, tal vez, encontrar de nuevo el calor de sus senos,
Y volver a hablar de cerca con sus labios;
Y entre tantas, tantas conversaciones de antaño, espero que esta vez… sí se diga algo.

Mater

Nos diste tu techo,
Con un millón de estrellas iluminaste nuestras noches oscuras;
Nunca debiste confiar en nosotros

Nos viste crecer,
Tus bosques y tus aguas de cristal nos alimentaron hasta saciarnos,
Nunca debiste confiar en nosotros.

Viste nuestros ojos vacíos,
y con tu magnificencia rebasaste nuestro espíritu.
Nos hiciste darnos cuenta que viviamos;
nunca debiste confiar en nosotros

Pero sabes que debemos dominar,
El ego ha despertado y somos el asesino en serie,
Ha regresado a merodear las noches lluviosas en tus callejones;
Nunca debiste confiar en nosotros

Solo has observado durante todo este tiempo,
el mayor genocidio de la historia;
y has debido secar la sangre de tus hermanos, arrastrados y mutilados,
Que ahora descansan inmóviles al calor de una chimenea, dentro de una lujosa sala en la ciudad;
Nunca debiste confiar en nosotros

Has escuchado la agonía de las aceitosas voces del mar,
Y lo se, esa noche has dormido con sangre en los ojos;
En verdad te digo,
Nunca debiste confiar en nosotros

Nos advertiste pero no te escuchamos,
tu día se acerca, creen que has muerto sin saber que respiras;
y ese momento llegará, y los hologramas serán reales,
E hipócritamente preguntaremos por qué;
Tu solo pensaras que nunca, nunca debiste…